Se trata de una hiper-reactividad de la piel caracterizada por la aparición de comezón, ardor y hormigueo cutáneos, que producen un malestar acompañado eventualmente de dolor o prurito. Los factores son múltiples, físicos (rayos ultravioleta, calor, frío, viento), químicos (cosméticos, jabones, agua, contaminación), psicológicos (estrés) u hormonales (ciclos menstruales).

Una de cada dos mujeres y un hombre de cada tres tienen piel sensible, irritable, reactiva o incluso intolerante.

En Francia, gran parte de la población tiene piel sensible. La frontera entre piel sensible y no sensible es frágil.

Los signos y síntomas visibles de las pieles sensibles y/o reactivas son poco definidos: enrojecimiento, descamaciones o sequedad y están acompañados de signos de malestar, sensación de comezón o de ardor. Así, las pieles sensibles se enrojecerían más fácilmente, y sin razón aparente, frente a una emoción o después de una exposición al sol. Asimismo, todos los fototipos de piel pueden verse afectados, si bien las mujeres de piel clara y fina tienen mayor predisposición.

La hiper-reactividad de la piel no es una condición permanente. Evoluciona por períodos de algunos días a algunos meses, en ocasiones puede ser estacional.


Las zonas afectadas por los síntomas son principalmente el rostro, de manera no uniforme, sobre todo el surco nasogeniano, las alas de la nariz o los párpados.

La piel sensible no es una piel alérgica.

El objetivo es entonces brindar un tratamiento que permita:

  • Producir un bienestar inmediato que alivie en forma rápida y duradera y detenga la respuesta inflamatoria;
  • Asegurar una protección física para restablecer la función barrera y evitar la penetración de agentes irritantes;
  • Asegurar una buena hidratación para devolverle a la piel bienestar, suavidad y elasticidad.

Restablecer en fin el ecosistema cutáneo con un umbral de sensibilidad normal.
Es sobre la base de estos criterios que los laboratorios noreva-LED han desarrollado la línea Sensidiane®.